
Tras la conquista cristiana los reyes Isabel y Fernando mandaron preservar la Alhambra, al igual que su hija Juana. Su hijo, el emperador Carlos mandó construir su palacio al lado de la denominada Casa Real Vieja, compuesta por las estancias palatinas de Comares y Leones.
Felipe II destinó nuevos impuestos a conservar el monumento, pero la crisis comenzó tiempo después, cuando la Alhambra comenzó a ser abandonada por los sucesivos gobiernos españoles. Carlos III (finales del siglo XVIII) se ocuparía levemente de recuperarla, pero la dominación francesa (principios del XIX) hizo añicos algunas zonas monumentales del conjunto. Los viajeros románticos pregonaron su belleza. En 1870 la Alhambra fue declarada Monumento Nacional.
Desde entonces comenzó a ser recuperada del olvido. En 1984 fue declarada Patrimonio de la Humanidad.